14 de enero de 2020

El Silencio


El momento en que se inician los trabajos regulares en una logia; el Ven.∙. Maest .∙. pide silencio para que cada Q.∙. H.∙. preste la debida atención a lo que se va a tratar en la asamblea y con el silencio damos muestra de respeto hacia quien tiene la palabra, según el orden parlamentario.

Al prestar la debida atención al ponente, y guardando el debido silencio, podemos discernir mejor las ideas y contribuir con una mejor dinámica en la tenida; cabe señalar que la respuesta a cada palabra, es dada por mi propia conciencia, libre y sin ataduras.

Nuestra capacidad de análisis se incrementa, cuando lo hacemos en silencio; por un lado recibimos la información y en seguida vamos tomando plena conciencia de la respuesta más acertada o discernimiento a realizar.

Para el Masón, el silencio es y debe ser una virtud, condición esencial cuando se conforma la logia y fundamental de manera ritualista; en el silencio del tal se conforma una comunidad física y espiritual de QQ.∙.HH.∙., donde elevamos mente, espíritu y cuerpo a la presencia del Creador, todos unidos por un solo sentimiento, sin dogmas, credos ni fanatismos.

Una vieja enseñanza en las iniciaciones establece que: Escucha siempre, habla poco y obra bien; a quién escuchamos; pues es la voz de nuestra conciencia. El Silencio es un don a explorar y desarrollar y se logra por el perfeccionamiento de la vida interior; elemento esencial para el cultivo de virtudes, tales como la prudencia, la capacidad de escuchar y el juicio justo y recto.

El Silencio aturde, con un zumbido extraño en los oídos cuando sentimos que el silencio nos mata, nos exaspera y pone alertas, unas veces; en cambio, en algún momento es sinónimo de quietud, mas no de paz, que es otra cosa. En algunos países se han realizado marchas en silencio, pidiendo por la paz, el cese de la violencia. En ese aspecto tenemos dos películas donde el silencio juega papel importante, tales como: “Los gritos del Silencio” y “El Silencio de los Inocentes”. Es el silencio de los más débiles, pobres y humillados, los que no tienen voz.

En el aspecto simbólico, el Silencio es el primer paso hacia la Sabiduría, por ello en el primer grado del simbolismo se exige del Apr.∙. que, sólo debe “ver, oír y callar”. Busquemos en el Silencio. En él resuenan los golpes del remordimiento del mal realizado y del bien que hemos dejado de hacer. Sólo el silencio crea a los seres que son fuera de lo común. En la soledad y sólo en la soledad, podemos conocernos a nosotros mismos, como lo afirmó Miguel de Unamúno.

Recordemos que el silencio está representado por La Llana, pues con ella el albañil toma el cemento y lo esparce en la hilera de bloques, debidamente nivelados y aplomados para construir la edificación material, con la llana de la paciencia y el silencio, extendemos una capa de bondad sobre los defectos que vemos en los demás, sabiendo como dice el Evangelio que, “primero veamos la viga en nuestro ojo, antes de ver la paja en el ojo hermano”.

En la práctica sana del silencio los masones tenemos una gran reto, escucharse a sí mismo y escuchar en las sabias leyes cósmicas que rigen el universo, la voz dulce y suave del G.∙.A.∙.D.∙.U.∙. Allí, en esos momentos, descubrimos tal cual somos; encontramos nuestros defectos y fallas, recordamos en esa práctica del silencio, cuál es efectivamente nuestro deber para con Dios, nuestros deberes para con el prójimo y nuestros deberes para con nosotros mismos.

“Que nuestros sentidos sean silenciosos y escucharemos al Divino; que nuestro cerebro sea silencioso y lo comprenderemos; que nuestras pasiones sean silenciosas y las amaremos; que nuestros deseos sean silenciosos y los poseeremos”. Nolini Kanta Gupta.

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