25 de abril de 2017

El Kybalion (de Hermes Trimegisto)


Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender. Donde quiera que estén las huellas del Maestro, allí los oídos del que está pronto para recibir sus enseñanzas se abren de par en par. Cuando el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría.

Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente, posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par.

  1. El TODO es Mente; el universo es mental.
  2. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.
  3. Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.
  4. Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.
  5. Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.
  6. Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley.
  7. La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos.

La mente así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental.

Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la realidad Substancial, la Verdad Fundamental.

Lo que constituye la Verdad fundamental, la Realidad substancial, está más allá de toda denominación, pero el sabio lo llama el TODO.

En su esencia, el TODO es incognoscible, Mas el dictamen de la razón debe ser recibido hospitalariamente, y tratado con respeto.

El universo es una creación mental sostenida en la mente del TODO.

El TODO crea en su mente infinita, innumerables universos, los que existen durante eones de tiempo, y así y todo, para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos no significa más que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de ojos.

La mente infinita del TODO es la matriz del Kosmos. En la Mente del Padre‑Madre, los hijos están en su hogar. No hay nadie que no tenga padre y madre en el Universo.

El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus leyes, ése no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será aplastado por los elementos, en razón de su locura. El verdadero sabio conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa. La maestría consiste, no en sueños anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en los más elevados. La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro.

Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento.

Nada reposa; todo se mueve; todo vibra.

Todo es dual, todo tiene polos; todo su par de opuestos; los semejantes y desemejantes son los mismos; los opuestos son idénticos en naturaleza, difiriendo sólo en grado; los extremos se tocan; todas las verdades, son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.

Todo fluye y refluye, todo asciende y desciende; la oscilación pendular se manifiesta en todas las cosas; la medida del movimiento hacia la derecha es la misma que el de la oscilación a la izquierda; el Ritmo es la compensación.

Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo ocurre de acuerdo con la ley. Azar no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero ninguno escapa a la ley.

El género está en todo, todo tiene su principio masculino y femenino; el género se manifiesta en todos los planos.

La posesión del conocimiento, si no va acompañada por una manifestación y expresión en la práctica y en la obra, es lo mismo que el enterrar metales preciosos: una cosa vana e inútil. El conocimiento, lo mismo que la fortuna, deben emplearse. La ley del uso es universal, y el que la viola sufre por haberse puesto en conflicto con las fuerzas naturales.

Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración.

Para destruir un grado de vibración no deseable, póngase en operación el principio de polaridad y concéntrese a la atención en le polo opuesto al que se desea suprimir. Lo no deseable se mata cambiando su polaridad.

La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.

El ritmo puede neutralizarse mediante el arte de la polarización.

Nada escapa al principio de causa y efecto, pero hay muchos planos de Causalidad y uno puede emplear las leyes del plano superior para dominar a las del inferior.

El sabio sirve en lo superior, pero rige en lo inferior. Obedece a las leyes que están por encima de él, pero en su propio plano y en las que están por debajo de él, rige y ordena. Sin embargo, al hacerlo, forma parte del principio en vez de oponerse al mismo. El sabio se sumerge en la Ley, y comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo. Semejantemente al buen nadador, va de aquí para allá, según su propia voluntad, en vez de dejarse arrastrar como el madero que flota en la corriente. Sin embargo el nadador, el sabio y el ignorante, están todos sujetos a la ley. Aquél que esto comprenda va en el buen camino que conduce a la Maestría.


carloslimongi@yahoo.com

13 de abril de 2017

YHWH «Yo soy el que soy»



«Yo soy el que soy» (Ex. 3,14) representa la expresión más concentrada de la auto-revelación de YHWH a Moisés y al pueblo de la antigua Alianza. El Dios de los patriarcas se revela bajo el nuevo nombre de Yahveh en un nuevo acto de salvación, la redención de la esclavitud de Egipto. 

La respuesta de Yahveh, «yo soy el que soy», hecha texto y Escritura, se encuadra ella misma también dentro de todo un tejido de relaciones y de una historia que la precede: una etimología o núcleo de significación embrionario y una tradición oral anterior a la fuente escrita elohista. A este nivel reencontramos la filología, la lingüística, la exégesis literaria e histórico-crítica, disciplinas que con métodos rigurosos nos permiten descubrir, con resultados por cierto no muy satisfactorios, el etymon, origen y significado primigenio del nombre de YHWH, la tradición y la forma literarias en las que este nombre y la auto-proclamación, «Yo soy el que soy», vienen transmitidas. La filología y la historia son instrumentos preciosos e irrenunciables para desvelar el nombre oculto de Dios, que ha querido revelarse por la Palabra hecha Escritura.

El significado de la expresión « Yo soy el que soy» se inclina más bien hacia el sentido de «ser-existir», aunque no se le ha de prestar un contenido ontológico fuerte, ni se ha de excluir por otra parte la connotación de significado activo y dinámico, «actuar», «crear». Esto último resulta más evidente, si se toma en consideración el contexto en el que se encuentra. «Yo soy el que soy» constituye entonces la respuesta que garantiza la intervención salvífica de Yahveh en favor del pueblo esclavizado en Egipto. 

Esta respuesta legítima por otra parte la misión de Moisés «'Yo soy' me envía a vosotros». El «actuar» de Yahveh se produce en continuidad con su acción en el pasado en favor de los patriarcas, lo que prueba la identidad («ser») de Yahveh, que es el mismo Dios de los Padres. La revelación del nombre de Yahveh tiene, pues, desde un principio una referencia a la historia de salvación: la historia de los patriarcas en el pasado, la liberación de los israelitas de Egipto en el futuro inmediato. Por ello mismo es legítimo en un cierto sentido traducir la expresión de autorevelación de Yahveh como «Yo soy el que actúa». 

El nombre YHWH y el nombre-interpretación «Yo soy el que soy», en relación uno con otro y en el contexto en el que necesariamente se mueven, encierran a distintos niveles los dos significados básicos de «ser» y «hacer ser». Yahveh se manifiesta y revela por otra parte como el Dios, que es el mismo de los patriarcas, de Moisés y de generación en generación. El «hacer ser» o «actuar» de Yahveh se manifiesta en cuanto «crea» y «salva». 

En resumen, la autodefinición de Yahveh, «Yo soy el que soy», constituye la proclamación de la acción creadora y de la acción salvífica de Yahveh, en las que se revela el tiempo y la profundidad de su Ser.




  carloslimongi@yahoo.com

La Pascua de Resurección





La palabra Pascua (pascae en latìn, pèsaj en hebreo) significa PASO.

En el caso de los judíos representa el cruce del Mar Rojo, es decir el PASO de la esclavitud hacia la libertad.

Para los cristianos se conmemora la Resurrección de Cristo, es decir, el PASO de la muerte hacia la vida eterna.

Incluso para los ateos significa la Supremacía del Espíritu por sobre la Materia.

Por eso en estas Pascuas deseo de todo corazón que nos animemos y demos ese PASO.

El que nos haga pasar: 
  • De la Resignación a la Acción;
  • De la Indiferencia a la Solidaridad;
  • De la queja a la búsqueda de soluciones;
  • De la desconfianza al abrazo sincero;
  • Del miedo al coraje de volver a apostar todo por amor;
  • De recoger sin vergüenza los trozos de sueños rotos y volver a empezar;
  • De la autosuficiencia al compartir el fracaso y los éxitos
  • De hacer las paces con nuestro pasado para que no arruine nuestro presente,
  • Y de saber que de nada sirve ser luz, si no podemos iluminar el camino de alguien. 

Los que tienen la posibilidad de reunirse para cenar juntos, una menorah y ciertas palabras permiten vivir la intensidad de este momento que nos recuerda, con la primavera, la permanencia de la Vida.


Felices Pascuas.



  carloslimongi@yahoo.com

23 de enero de 2017

¿Qué significa que Dios es Uno y Trino?

Significa que Dios es uno solo, pero que en Dios hay Tres Personas, distintas entre sí, que tampoco se reparten la única divinidad, sino que cada uno de ellas es enteramente Dios.

Se trata del misterio de la Santísima Trinidad, misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de un solo Dios en tres Personas, misterio imposible de entender y de captar cabalmente, menos aún de explicar, pues se trata de la esencia misma de Dios. Y ésta es una verdad que sobrepasa infinitamente las capacidades intelectuales del ser humano.

Se cuenta que mientras San Agustín se encontraba en la playa preparándose para dar una enseñanza sobre el misterio de la Santísima Trinidad, vio a un niño tratando de vaciar el agua del mar en un hoyito que había hecho en la arena. Al preguntarle San Agustín qué estaba haciendo, el niño le respondió que estaba tratando de vaciar el mar en el hoyito, a lo que le contestó el Santo: “Pero, ¡estás tratando de hacer una cosa imposible!” Y el Niño le replicó: “No más imposible de lo que es para ti entender o explicar el misterio de la Santísima Trinidad”. Y con estas palabras el Niño desapareció.

Así es nuestro intelecto: tan limitado como es el hoyito para contener el agua del mar, sobre todo cuando trata de explicarse verdades infinitas como el misterio Trinitario.

Es por ello que el misterio de la Santísima Trinidad no puede ser conocido a menos de que Dios nos lo dé a conocer. Y Dios nos lo ha dado a conocer al revelarse como Padre, como Hijo y como Espíritu Santo: Tres Personas distintas, pero un mismo Dios.

Sin embargo, lo importante de este misterio central de nuestra fe no es explicarlo, sino vivirlo. Y aquí en la tierra somos llamados a participar de la vida de Dios Trinitario (Dios Uno y Trino) de una manera velada, incompleta, pero en el Cielo podremos vivirlo a plenitud, porque veremos a Dios tal cual es.

Aunque las Tres Divinas Personas son inseparables en su ser y en su obrar, al Padre se le atribuye la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación. Es así como el Espíritu Santo en su obra de santificación en cada uno de nosotros, nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo, y el Hijo nos va revelando al Padre y nos va llevando a El. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquéllos a quienes el Hijo se los quiera dar a conocer” (Mt. 11, 27).



carloslimongi@yahoo.com
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