23 de septiembre de 2014

Los Cuatro Elementos


El Fuego, la Tierra, el Aire y el Agua son los cuatro elementos de la Naturaleza, y componen todas las estructuras materiales y tonalidades orgánicas que hay entre el Cielo y la Tierra.

Nosotros como seres vivos estamos también compuestos por estos cuatro elementos y conocer cómo se manifiestan en nuestra experiencia de vida es el punto de partida para conocer nuestra energía de base.

El conciente conoce cuatro modos principales de percepción, los cuales se expresan de manera diferente en cada individuo. Son las Cuatro Funciones de la Conciencia: la Intuición, la Sensación, el Pensamiento y el Sentimiento.

Por supuesto que las cuatro no son igualmente fuertes en cada individuo. Una función domina, mientras que las otras tienden a estar “subdesarrolladas”. Para poder volverse una totalidad, una persona debe desarrollar las cuatro funciones de conciencia, un trabajo profundo y consciente en pos del desarrollo de la personalidad.

Los cuatro elementos de la naturaleza se manifiestan en el ser humano a través de las cuatro funciones de la conciencia. 

  • El Fuego se manifiesta a través de la Intuición. 
  • La Tierra a través de la Sensación. 
  • El Aire a través del Pensamiento.
  • Y el Agua a través de los Sentimientos.

Fuego: Es la Energía radiante universal, energía que es excitable, entusiasta y luminosa. Dinamismo, espontaneidad, y una experiencia centrada en la identidad personal y espiritual. 

Tierra:
 Energía centrada en los sentidos físicos y la realidad del aquí y ahora del mundo materialmente perceptible. Harmonización con el mundo de las formas, de las estructuras visibles. Resistencia y persistencia, energía de preservación y conservación. Protección, estabilidad y seguridad.

Aire:
 Energía vital que se asocia con la respiración, las ideas arquetípicas detrás del mundo físico, la energía cósmica concretada dentro de las pautas específicas del pensamiento. Los signos de aire enfocan su energía en el mundo de las ideas específicas que no se materializaron aún, la teoría, las palabras, los vínculos y el pensamiento abstracto.

Agua:
 Energía intangible, reino de la emoción profunda y de las respuestas sentimentales. Intuición y sensibilidad psíquica. Los signos de agua están en contacto con el inconsciente y con la unidad de toda la creación, la empatía hacia los demás está muy presente, como así también su vulnerabilidad. El elemento agua corresponde al proceso de ganar consciencia a través de una comprensión lenta pero segura de los más hondos anhelos del alma. 



  carloslimongi@yahoo.com

La Alquimia Sensorial

La Piedra Filosofal

Hay algo extraordinario en nosotros, y es el sentido espiritual del amor.  Amor no es la atracción psico-genética entre el hombre y la mujer para la verificación del proceso de la reproducción, o para satisfacción del instinto que presiona en un momento dado.  Es simplemente la atracción instintiva, natural en todas las especies, bien sea para la perpetuación de la especie o como debiera ser, para la regeneración espiritual de la misma, como en el caso del ser humano.

Pero no comprendemos esta verdad; hemos desaprovechado por completo los conocimientos maravillosos que nos legaron los antiguos.  El Señor Jesús entregó ese conocimiento al decir  “creced y multiplicaos”. ¿Qué quería decir?  Que debemos multiplicarnos únicamente cuando a través del sentimiento espiritual y verdadero de amor hacia la bipolaridad, podamos permitirle a un Ego expectante el obtener un cuerpo o un vehículo para que pueda venir a este mundo tridimensional y adquirir experiencia.  Y crecer, es crecer espiritualmente con esa energía maravillosa de la Vida, que se manifiesta a través de la generación universal, porque realmente es la energía que mueve al mundo.

Si no fuera por esa energía tan poderosa, la energía germinal, no sería posible concretar todo lo que existe y lo que imaginar podamos.  Por eso el alquimista comprendiendo este misterio magnum, de que existe en esa energía un inmenso poder, la ha llamado la prima materia.

Los alquimistas de todos los tiempos han hablado de la prima materia para la Gran Obra, diciendo que esa prima materia no se encuentra en la naturaleza tirada en ninguna parte,  sino que hay que buscarla en la interioridad de cada uno. 

Esa prima materia se despierta a la actividad por la acción de la bipolaridad, cuando los cónyuges se acercan en el abrazo del amor.  Luego viene la fuerza del deseo, la cual dinamiza aún más aquella prima materia, y el sentido espiritual del amor es el que la convierte de piedra bruta ordinaria, en la piedra filosofal, divina y espiritual.

Quien toca aquella piedra, instantáneamente recobra la salud.  Esa piedra maravillosa si es puesta bajo la observación de cualquier persona enferma física o moralmente, le devuelve la salud o la armonía espiritual.  Era el misterio maravilloso que solamente se deja entrever entre líneas, tratando de que el que tenga oído que oiga, o el que tenga vista suficiente vea. 

A esto se refiere la alquimia en su aspecto más secreto y divino, a la obtención de la piedra filosofal.  Pero así como para transformar un anillo de oro en unos zarcillos de oro hay que fundir el anillo, es decir, tener una materia prima y fundirla con la acción del fuego, así mismo es en nosotros. Esa prima materia es la que sirve para que la semilla del vegetal despierte de su letargo al hacer contacto con la tierra, el agua, el aire y el fuego (Sol), produciendo raíces, ramas, hojas, frutos y nuevamente semillas.  Esa prima materia es la que el animal exterioriza para perpetuar la especie cuando se une con la hembra en los momentos de celo.  Si no fuera por esa prima materia  que se pone en licuefacción a través del acercamiento de las dos polaridades de la existencia, la vida sería imposible desde todo punto de vista.

Los alquimistas comprendieron que el Aliento de la Vida Universal y el Fuego interior, convertidos en Substancia—Vida, permiten a través de la generación que podamos concebir nuestros hijos.  También permite que a través del movimiento espiritual de esa energía, utilizando la imaginación y la sensibilidad, al dirigir esa fuerza maravillosa hacia el corazón, ir convirtiéndola en la piedra filosofal.  Para los alquimistas la piedra filosofal tenía realmente todos los poderes del Logos.

El Señor Jesús enseñó el misterio de la piedra filosofal, al decir estas palabras:  “Petrus, piedra, sobre esta piedra edificaré mi iglesia”.  Se refería no a la personalidad física de uno de sus discípulos, sino a nuestras energías internas sobre las cuales debemos edificar nuestra iglesia, es decir, nuestro templo, donde el Altísimo, el Logos, la conciencia mora en nosotros para convertirnos en verdaderos alquimistas.

El ejemplo más perfecto de la piedra filosofal viviente fue el Señor Jesús.  El era un verdadero alquimista del mundo de la sensibilidad, del sendero del Cristo, porque el Cristo no es Jesús.  Cristo no fue, ni es, ni será una persona; Cristo es el sentido espiritual que subyace en el corazón de todos los seres. 

Ese sentido crístico aflora cuando vemos a nuestros seres queridos sufrir o gozar, porque el sentido crístico es la sensibilidad. El día que sintamos dolor por todos nuestros congéneres y por todos los seres vivientes, habremos despertado realmente la energía del Cristo en nosotros.  



  carloslimongi@yahoo.com

Correfocs







El Correfocs
Como la mayoría de las tradiciones y fiestas de pueblo, el correfocs tiene su origen en la ancestral lucha entre el bien y el mal, donde el fuego juega el papel de purificador. En la edad media este "ball de diables" se realizaba como entremés, es decir entre plato y plato de las grandes comidas que organizaba la realeza. A lo largo de los tiempos se fue popularizando y ha estado ligado a la celebración del Corpus, también a la celebración de la noche de San Juan. En Valencia y Catalunya están presentes en las fiestas populares de los pueblos, en medio de la música estruendosa, silbatos, y fuegos artificiales.

Los diablos se reúnen para iniciar su actuación con la encendida, que es espectacular, y empiezan a bailar de forma desaforada alrededor del público para impartir miedo y respeto. Es un espectáculo digno de ver, por su valor histórico, la espectacularidad de los fuegos artificiales y las sensaciones que despierta. No puede faltar la figura del dragón que está presente demostrando la fuerza y la imponencia del fuego. La participación del demonio en estos actos tiene que ver con la tentación a los santos, las intenciones de los diablos bailarines son incitar al pecado a la juerga y a la lujuria.



carloslimongi@yahoo.com
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