29 de diciembre de 2012

El águila, la gata y la jabalina

Una añosa y copuda encina daba cómodo albergue a un águila en su copa, a una gata en mitad de su tronco y a una jabalina y sus lechones en el hueco de su raíz. Pacíficamente vivían las tres familias al abrigo del árbol, hasta una mañana en que la gata, pérfida y astuta, subió hasta la copa y habló así al águila.

En gran peligro estás, querida amiga. La jabalina no cesa de hozar en los terrenos que nos cercan, y presumo que se propone derribar nuestro árbol, para después comerse nuestros hijos cuando los halle en tierra. ¡ Hay que vivir vigilantes!

Y mientras el águila quedaba suspensa con semejante revelación, la jabalina escuchaba de la Gata enredosa el siguiente chisme:

He hablado con el águila - le dijo -, y de sus palabras deduzco que acecha un momento en que te marches, para bajar y arrebatarte tus lechones. ¡Debes vivir con cautela!

Aguila y Jabalina resolvieron, en vista de las circunstancias, no abandonar ni un solo instante sus casas respectivas. Y como no salían a buscar víveres, el terror maternal les costó la vida. Cuando murieron, la gata y sus hijos se deleitaron con los despojos de aquellos que dieron oídos a cuentos de vecindad.

Las personas que se dejan arrastrar a las disputas de los chismosos y demagogos son víctimas sin quererlo de su perversidad.

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