22 de noviembre de 2012

Feliz Navidad... con el Niño, la Mula y el Buey

El Niño, La Mula y el Buey
Símbolos de la Navidad
Es muy posible que los evangelios no hablen del buey y la mula que habrían estado en el pesebre junto a Jesús sobre las pajas de un establo. Pero la tradición habla de ellos. Su historia es conmovedora y encanta tanto a niños como adultos. Y en estos tiempos ecológicos y de carencia de valores humanos adquiere un significado especial. Veámos un poco esta historia antigua que es narrada a su manera en cada lengua.

Un campesino tenía un buey y una mula muy viejos e inservibles para el trabajo en el campo. Se había encariñado con ellos y le habría gustado que muriesen de muerte natural, pero se consumían día a día. Así que resolvió llevarlos al matadero. Cuando tomó la decisión se sintió mal y no consiguió dormir en toda la noche. El buey y la mula notaron que había algo raro en al aire. Movían inquietos sus osamentas sin poder dormitar. La vida había sido dura. Habían pasado por varios dueños. De todos habían recibido muchos palos. Era su condición de animales de carga.

Hacia la media noche, de repente sintieron que una mano invisible los conducía por un estrecho camino hacia un establo. Decían entre sí: «¿Qué nos obligarán a hacer en esta noche fría? Ya no tenemos fuerzas para nada». Fueron conducidos a una gruta donde había una lucecita trémula y un pesebre. Pensaban que irían a comer algo de heno. Quedaron maravillados cuando vieron que allí dentro, sobre unas pajas, tiritando, estaba un lindo recién nacido. Un hombre inclinado, José, procuraba calentar al niño con su aliento. El buey y la mula comprendieron inmediatamente. Debían calentar al niño. También con su aliento. Acercaron sus hocicos. Cuando percibieron la belleza y la irradiación del niño, sus viejos esqueletos se estremecieron de emoción. Y sintieron un fuerte vigor interno. Con sus hocicos bien cerquita del niño empezaron a respirar lentamente sobre él, y así se fue calentando.

De repente, el niño abrió los ojos. «Ahora va a llorar», dijo la mula al buey, «verás que le asustaron nuestros feos hocicos». El niño, por el contrario, los miró amorosamente y extendió su pequeña mano para acariciar sus hocicos. Y seguía sonriendo, como si fuera una cascada de agua.

«El niño ríe», dijo José a María. «No para de reír». «Debe ser que le hizo gracia el hocico del buey y la mula». María sonrió y quedó callada. Acostumbrada a guardar todas las cosas en su corazón, sabía que era un milagro de su divino niño.

El hecho es que los propios animales se sintieron alegres. Nadie les había reconocido ningún mérito en la vida. Y he aquí que estaban calentando al Señor del universo en forma de niño.

Cuando volvían a casa notaron que otros burros y bueyes los miraban con un aire de admiración. Estaban tan felices que al avistar la casa, hasta se arriesgaron a un galope. Y ahí se dieron cuenta de que estaban realmente llenos de vitalidad.

Volvieron al establo. Por la mañanita vino el patrón para llevarlos al matadero. Ellos lo miraron compungidos, como diciendo: «¡déjanos vivir un poco más!». El patrón los miró sorprendido y dijo: «¿pero son éstos mis viejos animales?, ¿cómo es que están tan vigorosos, con la piel lisa y brillante y las patas firmes y fuertes?»

Y dejó que se quedaran. Durante años y años sirvieron fielmente al patrón. Pero él siempre se preguntaba: «Dios mío, ¿quién trasformó de repente en jóvenes y robustos a aquella mula y aquel buey tan viejitos?» Los niños, que saben del niño Jesús, pueden darle la respuesta.

Por último, un mensaje de un sacerdote donde claramente explica de forma simbólica el origen y significado de la mula y el buey en el nacimiento de Jesucristo. El buey, un animal fuerte y fiel, seguramente introducido en el nacimiento de Jesús mediante las narraciones bíblicas que nos hablan de un establo; la mula por su parte nos recuerda aquel animal en el cual se trasladó María desde Nazareth hasta Belén. Expresadas en las siguientes palabras "...muchas veces no somos capaces de reconocer donde está realmente lo importante. Aquello que dá sentido a tu vida. Aquello por lo que te acuestas y levantas todos los días. Ese sentido de la vida por lo que merece vivir, nos lo muestra el pesebre con la mula y el buey".

http://www.youtube.com/watch?v=DOOhpcqFRFw

Estos dos animales "iconográficos", representan toda la armonía de la naturaleza cristiana que llega a su plenitud en el nacimiento de Jesús. También nos trae a la memoria aquél personaje, a quien nadie quiso recibir en su casa, pero que fue acojido y calentado por estos animales.

Les dejo un Villancico muy tradicional de mi tierra natal (Venezuela):
http://www.youtube.com/watch?v=_3KkbSY6NmE

Con el Niño, la Mula y el Buey les deseo una muy Feliz Navidad a todos.

 

carloslimongi@yahoo.com

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