5 de octubre de 2012

Una mirada a la Libertad

La libertad existe pero para el hombre común es un mito que le resulta difícil hacer realidad.

La libertad supone poder hacer lo que uno desea, poder moverse sin obstáculos y tomar la dirección que uno quiera; pensar sin interferencias, tener criterio propio y convicciones firmes, ser capaces de decir y hacer lo que uno siente y lo que a uno le gusta.

Pero la libertad tiene límites y estos límites son los otros, porque la relación con los otros nos comprometen para siempre y mucho más si nos convertimos en seres posesivos y dependientes, si nos dejamos influenciar, si nos alienamos en ellos y no tenemos la fuerza de carácter ni la voluntad suficiente como para ser nosotros mismos.

Solamente la libertad permite la evolución, porque es la capacidad de aprender la que permite innovar y postergar los instintos.

Los animales aprenden a cazar, a relacionarse con sus pares, a romper nueces, pero el ser humano puede reflexionar y no sólo ser libre de sus instintos sino también libre de los que son y piensan como los de su misma especie.

Los hombres tuvieron que ganarse la libertad de movimiento, de pensamiento, de obrar, de hacer lo que querían, luego de una larga trayectoria histórica.

La lucha contra el absolutismo monárquico logró que el liberalismo político conquistara Inglaterra en el siglo XVII; y el primero en anunciar esos principios fue John Locke (1632-1704).

No es el poder del estado el objetivo de la política sino la libertad de pensar, de creer, de circular de los individuos; respetando la libertad del otro.

La libertad de derecho es la que lleva a la libertad concreta del hombre o sea a la capacidad del individuo de elegir su propia vida.

Los derechos del hombre y el desarrollo económico van de la mano y son las condiciones de la libertad; porque el hombre se ha liberado de la naturaleza pero ahora depende del sistema socioeconómico.

Sin embargo, el hombre, en una democracia, tiene el derecho de decir lo que quiera, de controlar la gestión pública, de participar, de votar.

Además de las necesidades instintivas básicas, los seres humnos tienen motivos interiores que no siempre conocen, que lo impulsan a reaccionar de distinta manera y que pueden llevarlos a no ejercer su libertad.

La libertad verdadera no es actuar sin razón sino que consiste en actuar con determinación, siendo capaces de seguir la propia voluntad.

La libertad basada en una voluntad débil y confusa hace que el individuo se sienta angustiado e inseguro y por lo tanto sea incapaz de ejercer su libertad, o sea de trascender la presión familiar, abastecerse a sí mismo y lograr los medios para concretar sus sueños sin depender de nadie.

Elegir la propia vida es el camino más difícil, porque lo más cómodo es hacer lo que desean los demás.

La autonomía es trabajosa y difícil y puede desalentar al más entusiasta; porque exige mucha autodisciplina, fortaleza y plena convicción.

La naturaleza del ser humano es Dual. La posibilidad del mal reside en el Hombre en tanto éste tiene libertad. Esta posibilidad puede actualizarse traduciéndose en una perversión del Bien, cuando éste obra egoístamente y se repliega sobre sí, para prolongarse como efluvio de la patentización divina, tanto en política como en religión.

La lucha es la ley de la Discordia y, por tanto, es el poder fundamental del Ser. Para ser libres, la paradoja es que hay que ser capaz de ser esclavo de uno mismo y someterse a la propia ley que uno se impone. La contienda define al sentido de la Libertad, y está en nosotros mismos el rumbo de la misma.

 
 
 

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