5 de octubre de 2010

El Socialismo del XXI - Una Reforma?

El socialismo del siglo XXI es un concepto que aparece en la escena mundial en 1996, a través de Heinz Dieterich Steffan. Dieterich propone un modelo económico que no esté basado en el precio de mercado, fundamento de la economía de mercado y del capitalismo, a los que considera fuentes de las asimetrías sociales y de la sobre explotación de recursos naturales.

El primer ciclo de vida de la sociedad moderna está llegando a su fin. Por más de doscientos años, desde la Revolución Francesa (1789) hasta la actualidad, el género humano ha transitado por las dos grandes vías de evolución que tenía a su disposición: el capitalismo y el socialismo histórico (realmente existente). Ninguno de los dos ha logrado resolver los apremiantes problemas de la humanidad, entre ellos: la pobreza, el hambre, la explotación y la opresión de tipo económico, sexista y racista; la destrucción de la naturaleza y la ausencia de la democracia real participativa.

Lo que caracteriza nuestra época es, por lo tanto, el agotamiento de los proyectos sociales de la "burguesía" y del "proletariado" histórico, y la apertura de la sociedad global hacia una nueva civilización: la democracia participativa. Cuando la burguesía plasmó su proyecto histórico —que le permitió fungir durante dos siglos como clase hegemónica de la sociedad global— lo hizo descansar sobre cuatro ejes teórico-prácticos: La economía nacional de mercado, basada en el valor de cambio; la democracia formal plutocrática; el Estado clasista y el sujeto liberal.

Los partidos obreros, en su variante más radical, configuraron su proyecto histórico también en torno a cuatro elementos constitutivos: la economía no-mercantil, basada en el valor de uso; la democracia real participativa; el Estado democrático y el sujeto racional-ético autodeterminado.

Sin embargo, en el plano de los hechos, las sociedades construidas por los respectivos protagonistas mostraron, posiblemente, tantas similitudes como diferencias; debido a que sus fuerzas formativas estuvieron sometidas a condiciones objetivas de desarrollo muy parecidas, tales como la acumulación de capital, la producción industrial a gran escala (Fordismo), la economía mercantil (el mercado) y el Estado vertical.

Hoy día, el campo de batalla se encuentra despejado de nuevo, un hecho que permite vislumbrar los grandes acontecimientos del futuro. Nadie, quien entienda esta primera etapa de la sociedad moderna, creerá que el capitalismo pueda ser un sistema del futuro que dé a la humanidad las banderas que esta reclama: paz, democracia real y justicia social. Y nadie que sea realista, se atrevería a pensar que lo que fue el socialismo “realmente existente” sirva todavía para aglutinar una alternativa mundial, capaz de superar al capitalismo mediante un movimiento de masas.

Despejado el campo de batalla de los protagonistas del pasado —si bien, no de sus problemáticas originales— la historia ha dado luz verde a la segunda etapa de la modernidad que gira en torno a la solución de las tareas, que los protagonistas anteriores no pudieron resolver: la construcción de las cuatro instituciones constitutivas de la nueva civilización, que no nacen del pensamiento filantrópico, sino de las lecciones de la praxis social de los últimos siglos, de los nuevos conocimientos de la ciencia avanzada y del desarrollo de la tecnología productiva.

Los saltos cualitativos en la evolución de la humanidad se dan a través de los proyectos históricos que los grandes sujetos sociales desarrollan e implementan. La lucha de los contrarios a lo largo de la historia ha sido esto: el enfrentamiento de los futuros posibles visionados por las clases principales de la sociedad. La clase o el sujeto social que no tenga una visión sistematizada del futuro —su proyecto histórico— no será dueño de su porvenir, sino servidor de los triunfadores.

Una clase abrumada por la angustia existencial y cotidiana de su reproducción precaria, sin trascendencia espiritual más allá del consumismo trivializador, el enajenado sujeto no puede remediar su situación dentro de la sociedad burguesa, sino sólo en un un tipo de convivencia cualitativamente diferente, como es la democracia participativa.


Heinz Dieterich Steffan (el Socialismo del XXI)
http://www.socialismoxxi.org/librosheinz/elsocialismo.pdf

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