9 de marzo de 2010

Poema del Emigrante

Siempre hay un mañana
y un ayer.
Siempre una despedida
y un volver.
Y es la misma historia
que a menudo se repite
de querer volver.

Vuelven las estaciones del año
y con ellas su acontecer;
vuelve el huerto a florecer,
el fruto a crecer y las hojas a caer.
Y..en un atardecer encendido,
regresan las aves a su nido,
a dar calor y abrigo,
y a sus polluelos proteger.

Y nosotros: para bien, o para mal,
siempre queremos volver,
adonde quedó enterrado
el cordón umbilical.

Y qué sucede cuando volvemos al sitio anhelado?

Entonces nos damos cuenta,
que la mente nos ha traicionado;
que nada es lo mismo,
que todo ha cambiado;
que aquel ambiente
antes nuestro y alagüeño,
ahora es ajeno, tiene otro dueño.
Que ya no existe aquel humilde hogar
donde un dia todo fuera: luz y alegria,
y hoy, aquel paraje triste,
solo semeja una tumba fria.

Entonces nuestros ojos entristecen,
al ver el solar valdío
donde triste canta un grillo,
y unas hierbas crecen.

Y qué nos queda entonces?

Solamente volver de nuevo,
al exilio voluntario,
a voltear las hojas del calendario,
y a esperar:que una fria mañana,
o- un lluvioso atardecer,
tengamos que emprender
-el viaje del no volver-

Amigo mio, la vida es un laberinto:
es sueño, es ilusión y es misterio.

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